“No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible”, Albert Camus.

Creo que muy pocas personas ignoran la historia de “Pedrito, el mentiroso”, con sus respectivas variaciones de nombre. Tanto dijo que venía el lobo que, cuando llegó, ya nadie le creyó. También creo que habrá pocas personas que no conozcan a un Pedrito o unas Pedrita. Sus constantes situaciones creadas, excusas, malabares retóricos, les causan a algunos risa o rabia. A mí me hacen sentir como Sísifo.

Cuando creo que la piedra ya llegó a lo más alto, regresa con tal fuerza que parece que será difícil volver a levantarla. Soy presa de una efímera libertad. Me siento una mujer absurda, absolutamente absurda.

Y allí me tienen, empujando eternamente el peñasco, soñando con un mundo transparente en el que cada quien diga lo que piensa, lo que hace, lo que sueña, lo que no quiere hacer.

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