La complejidad de la búsqueda del propio ser es escandalizante. Me atrevo a decir que muy pocas personas tienen la osadía de detenerse y autocuestionar su cotidianeidad, la construcción de pseudovida que han estructurado, la estabilidad espeluznante que solo da el ser quien no se es.

Si el número de quiénes se atreven a amasarlo en su mente es de por sí reducido, no hay manera de acertar sobre cuántos y quiénes avanzarán un paso hacia la oscuridad. Pero esa mitológica manía de creer que después de eso estoy yo, no me deja en paz.

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