Esta mañana en que las conversaciones giran en torno a ropa persistentemente húmeda, téndida entre las gotas y en las que las clases se dan a oscuras por los apagones de energía, resulta que las historias parecen venir a granel. Es como si existiera un mandato sobrenatural de que la nostalgia debe adherirse a la lluvia y de que el gris un camuflaje que permite retomar pensamientos censurados. El pasado y el presente se mojan juntos.

Así que esta mañana he recordado a un antes joven entregado a la religión – también como gris y exquisito camuflaje-. He pensado porqué me dejó por una insípida y luego la coloreó con mi estilo de peinado, mis libros (mismos que me obligaron a quemar para andar con él) y las libras de menos que en aquel entonces tenía. Le puso lo que quería y odiaba levemente de mí. Eso era lo que buscaba, una insípida con un toque de aderezo, como sazonar el platillo de dieta, y dejar de lado una comida demasiado cargada de especies por miedo a que le llenara demasiado la vida.

También con el pretexto de la lluvia he vuelto a la historia de una mujer que abrazaba a sus dos hijas en medio de una terrible tormenta, empapadas las tres en la parada de buses y convertía canciones en juego para distraerlas de frío del atardecer. Una imagen que persiste en la recopilación de mi infancia. Voy pasando en el auto y quisiera parar. Un hombre tiene la sombrilla arruinada pero no quiero pensar las suposiciones que haría si me detengo; y una mujer que tiene en brazos a su hijo quizás me confunda con delincuente.

En el tráfico ardiente que parece encenderse con las gotas, he tenido la curiosidad de escuchar la radio de la que dos grandes personajes se despidieron ayer. Quiero saber cómo le está yendo al programa en el que ellos dejaron un gran vacío, pero si pongo el dial les sumaré audiencia, pienso. Caigo alrededor de cinco minutos y están dos profesionales a quienes respeto mucho, pero vuelvo a cambiarla.

Así mi chip es un mix.

Entre los pensamientos certificados como absurdos también llega la sombra de un personaje que siempre hace comentarios disque osados en facebook. Entonces pienso en escribir sobre la prudencia “facebokeana” y no cubrirse en la irresponsabilidad de no tener que responder por lo que se dice… He pensado detallar la forma en que con su sarcasmo envuelve el regalo de posturas sin fundamento. Pero ese es un boomerang que no quiero tocar. Quizás facebook tiene un componente de eso y al final yo también digo lo que me da la gana.

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